sábado, junio 06, 2009

POR LA DEFENSA DE NUESTROS DERECHOS

Me atrevo a escribir aquí un artículo de Carlota Gedovius Colmenares porque vale la pena compartirlo con ustedes, mis pocos lectores y amigos, nosotros que pertenecemos a esta minoría, es bueno leer esto y saber: ¡no estamos solos!. Huyamos de esa masa de “lectores” que habiendo devorado toda la chatarra que les ha pasado por enfrente no han aprendido a distinguir entre una novela y un cuento, entre el realismo magico y el realismo, aquéllos que miden con la misma regla los “cuentos de la selva” y los “cuentos del Decamerón”, pensando que caen en la misma bolsa porque son "cuentos"; aquéllos que nos acorralan para dar nuestra opinión sobre el libro del momento y al nosotros no haberlo leído, nos regalan el resumen del mismo, ante todo eso permanecemos impasibles, no siendo capaces de expresar nuestra verdadera opinión porque nos excluiría, porque como siempre sucede, seríamos considerados como "exagerados". ¿Es acaso que estamos obligados a saber de literatura?, sí, mi respuesta contundente es sí, porque como alguna vez me dijo mi profesora de Letras Hispanas, “no es lo mismo decir me gusta leer que me gusta la Literatura”.

Ni modo, si estás leyendo estas líneas, muy probablemente pertenezcas a una minoría.

Así es, igual que los pueblos indígenas, los homosexuales, los minusválidos o los discapacitados, tenemos que reconocer que estamos vinculados al pequeño y muy selecto grupo de las personas que leen.

Transitamos por nuestro país cargando nuestra cruz sin remedio y, todavía, para aumentar nuestro agobio, los medios nos bombardean diariamente con espeluznantes cifras como el promedio de lectura anual por mexicano –1.5 libros- o que cada compatriota lee tres libros completos durante toda su vida. Estadísticamente no existimos.

Y así, con esta penosa clasificación de “lectores”, tenemos que sobrellevar lo mejor que podemos nuestra conversación en reuniones sociales o en el ámbito laboral, esquivando ataques o permaneciendo callados ante la intolerancia de la comunidad. Recibimos calificativos que nos separan y nos segregan cuando dicen “es que fulano lee mucho”, y nos apenamos en público al recibir atrevidas preguntas como “¿y qué tipo de cosas te gusta leer?”, y, avergonzados por nuestra situación de minoría, contestamos “literatura”, a lo que nos responden con una lastimosa sonrisa. Discriminación en su máxima expresión.

Pero también tenemos que sortear nuestra condición de facción minoritaria ante otro grupo, quizá mayor o mucho más peligroso, un conglomerado constituido por los que si leen…pero pendejadas. Esta atrevida tesis se apoya en una sola cifra: uno de los libros más vendidos en nuestro país, con 400,000 ejemplares –cifra récord-, fue La biografía no autorizada de Rigo Tovar.

Algo que está escrito en hojas, que luego que s convierte en páginas, que pasa por un proceso de corrección, diagramación e impresión, que se le pone una cubierta y se distribuye, no necesariamente es literatura –y, por lo tanto, está en duda el buen uso del tiempo invertido en leerlo.

En estos tiempos globalizados, en los que la mercadotecnia es la madre de todos los vicios, necesitamos una nueva clasificación de los géneros literarios, tanto para defendernos como para poder guiar a las almas perdidas que quieren comenzar a leer. Hoy en día, como todo ha cambiado, simplifiquemos la división y, sutilmente, establezcamos nuevos cánones para distinguir lo bueno. Ahí les van.

  • Todo lo que suene a consejos prácticos e infalibles para una vida plena, diez pasos para cambiar su relación de pareja, pequeños tratados de liderazgo, fórmulas para convertirse en millonario, belleza interior, caldos de pollo para salvar el alma, protocolos de cómo comportarse e sociedad, comparaciones entre mujeres y hombres venusinos o marcianos, profundísimos pensamientos de lo que es la vida presentados en versitos, caballeros con armaduras oxidadas, miles y miles de títulos sobre advertencias de qué hacer y qué no hacer en el trabajo, cualquier biografía no autorizada –el género más vendido en el mundo entero-, glorias e infiernos y todos los Cuauthémoc Sánchez del mundo, no es literatura y por lo tanto puede y debe evitarse.
  • Para reconocer a la literatura hay tres fórmulas infalibles: uno, que sean novelas –que cumplan la clasificación de narrativa y si se tiene duda, acuda a la definición de novela y sus subgéneros en cualquier texto de secundaria o diccionario-, libros de cuentos, de poesía o ensayo, que probablemente en México tengan muy bajo nivel de ventas; dos, que no se puedan encontrar en Vips; tres, que traigan el nombre del autor un poquito más grande que el título del libro.

Podríamos hablar más sobre este tema –como que existe también la buena y la mala literatura; del hermoso fenómeno de la subjetividad; de lo terrible de la censura, y de otros géneros importantes-, pero conformémonos con saber y manejar esta novedosa clasificación, convirtiéndonos, pues, en minoría de las minorías, sin otro camino que aceptar el repudio social o vivir leyendo en la clandestinidad.

3 comentarios:

Unknown dijo...

¡Wai!...
Creo que, lamentablemente, México es un país " de modas" (no "de moda", que no es lo mismo) en el que todo se hace "porque otros lo hacen" y/o "porque sale en tv".
Creo que incluso si hubiera un asiduo fand e Carlos Cuahutemoc Sanchez que lo leyera por voluntad propia y realizando una critica seria a su obra (mas allá de un "si, tiene razón! mientras llora) incluso valdría para algo...
En lo personal he leído de todo... y me gusta leer... de todo... porque de alguna forma me muestra la forma de ser del ser humano en todas sus facetas. Es interesante, siempre que no te dejes consumir, creo.

MIR dijo...

Ay! Gracias al lector/a que me dejó su comentario, y MUCHAS GRACIAS porque generalmente aquí solo llegan mis amigos =P.

Una opinión siempre valiosa, sólo me pregunto la de Carlos Cuahutémoc Sánchez ¿es obra?, ¿se puede hacer una crítica sería de eso?, creo que habrá que distinguir la buena literatura sólo por efectos de tiempo, considerando que Víctor Hugo jamás dejó de escribir, será una decisión personal elegir "para lo que nos alcanza el tiempo" ¿no creen?

MIR dijo...

seria*, perdonen las faltas de ortografía que la corrección automática me ocasiona.